
La visión de un lamento vespertino, que aún se divisa en la madrugada:
Acaecio aquella mañana, pan con mermelada, notas tristes
sueños conciliados con dificultad, televisiones que hagan compañia
en las tardes de una niñez en soledad.
Es extraño como la infancia se las ingenia, para dar felicidad
en momentos de tristeza, la imaginacion es el unico estadío
controlable por el hombre.
La mala leche mata el alma, deshumaniza
a los inocentes.
Es posible que no viviera triste,
quizá era tan solo el producto de un ambiente que
regalaba no más que: desidia, rencores, reproches y soledad;
tarde aprendí a disfrutar de la lluvia, a reír inocente,
a callar…
Y salir en un amanecer húmedo y resfriante, quitarse las lagañas,
no quererse bañar; llevar un uniforme todos los dias de la vida
vivir inerte, eso creo que se llama infelicidad.
Animado fin de curso, vacaciones ausentes, siempre ausentes;
aprender era el martirio de mis infancias internas.
Pero volar era posible, una mano que adiestrada conducia
aeroplanos en la tierra, y el columpio de las tardes
acortaba las cadenas de una casa, que hoy recuerdo
y es sombría, es enferma, y no es mi casa.
El ajedrez y los libros de las mañanas de invierno:
“el sol de los venados”, “salarrue”, “julio verne”.
Animoso Darío de las poesías de infancia
declamación, oratoria, bellos versos;
-¿cuando perdí la confianza?
-fue quizá cuando murió de cirrosis, por querer contemplar
la vida a través de un vaso de cristal, y me entere
sin querer en alguna misma tarde gris, ”el
romanticismo había muerto”.
Y al leer al Santo Asis, conversando con el lobo,
hice oídos sordos a lo anteriormente escuchado.
La verdad nunca fue cierta, muchas veces quise salir corriendo
faltar y enmbobarme en la ignorancia al credo cristiano; cuantas
tardes de catecismos, con la frente pegada en los libros in extenso;
con los ojos observantes a las niñas, con el balón en los pies;
con la boca disfrutando de los mangos y las jícamas.
¡No hay pecado en la inocencia!
Amigos que en primera instancia detestamos, y fueron
verdaderos compañeros de andar, posterior a una golpiza
de ambos bandos propinada.
El estrellado de los sueños y la luna llena en su cenit, era el
manjar nocturno de por lo menos unas noches en el mes,
el frío de invierno que eriza en aquellas regularmente tierras calidas,
se disfruta más con los brazos descubiertos.
No hay estrella mas hermosa, que la primera que aparece
sus mejillas rosicleres, sus cabellos largos negriprofundos
sus ojos grandes y claros; esa faz tan inocente. Esa chiquilla
primera que habitó en vez primera los adentros
de mi corazón, ¡hay luz en el roció de la mañana!.
El amor era inocente, y no un conjunto de maniobras bestiales
y corruptas, la mente era ingenua, el corazón se daba sin reproches.
No acaba este verso, como un lamento vespertino de un ayer,
que termina al observarse hacia atrás de madrugada;
mucho menos como una enumeración de reproches.
Se decir que es el recuerdo concentrado en la memoria, aquel recuerdo que busca papel, para no ser olvidado, que produce risa al ser releído, que produce lagrimas de añoranza; Es historia verdadera, sepa al saberla: recordarla y apreciarla.